Vèrtigo
lo q mi amado me puede brindar.
Ver la vida color verde, blanca, rosa...
hablar d cualqier cosa
y sentir el alma vibrar;
tener ganas d reir y llorar.
Ver la luz d su mente irradiar
hasta enceguecer mi razon totalmente.
No qerer nunca perderla
a èsta emociòn anhelada,
aunqe cueste entenderla;
aunqe nadie crea nada.
Mi amigo, para mì es el mundo;
es nadar en lo mas profundo
del mar de la verdad,
guiado por sus ideas
en submarinos de palabras
q me oxigenan la realidad
con el vaivèn d sus mareas.
Me adentra a su espacio infinito
por dos ventanas luminosas
q me miran claramente
y estremecen mi prurito
cuando hablamos de las cosas
q soñamos realizar.
¡ Y me descubro asì, de repente
frente a tan gigante mente,
q me siento peqeñito
ante el divino pensamiento,
d qien ama sin fronteras
y no tiene cadenas
q aten su sentimiento!
Y cuando el vèrtigo me espanta
su voz suave me sofrena,
me lleva hasta su garganta
y me empuja seranamente
hacia el fondo puro y bello
d su espìritu indulgente.
Navego en su terso espacio
y lentamente me regresa,
en uno d sus destellos,
a la playa del ensueño
donde caigo muy lacio
sobre un colchòn de crespos cabellos;
y me hundo en su masa espesa
mas luminosa q el Sol, ...
y respirando su pureza
me inspira un sincero Amor
como jamàs lo consiguieron
ni Baco ni Apolo ni Afrodita ni Eros.
( 1993- para Matyâs Becvarov)

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