NUESTRO REVOLUCIONARIO AMOR
Hoy me siento fuerte,
amplio como el mar,
como un Viracocha celeste
o un Cuculcán inmortal.
Y puedo soportar
las trágicas visiones
d Bariloche incendiado,
del Impenetrable penetrado
o del petróleo derramado
aqí, en el delta del Plata,
x donde apenada
revolotea mi libertad,
pues no hay Massera
q me la venga a torturar
ni desaparecerá
x un mal parido Videla.
X qe me siento muy fuerte,
casi qebracho y piedra;
hasta podría afirmar
sin temerme exagerado
q hoy soy casi tan resistente
como las Madres d Plaza d Mayo.
Y como hoy todo lo puedo
me encaramo en mis deseos,
remonto bosqes tucumanos,
y en Santa Cruz
infinitas playas sin hombre;
y desde los áridos desiertos cuyanos
medio continente
me separa d Misiones.
Y pienso:
Ah, peqeño mundo
¡qé bello y apacible
se te ve desde la altura
d la abstracción momentánea
d tu maldito pasado!.
Y me dejo hamacar
en sus aires calientes
sobre ése verde compacto,
total, opresivo...
hasta q,
en la copa d un lapacho colorado
te encuentro a vos,
Amante amado,
voz d vida
q mi muerte cotidiana alivias,
invitándome a llenar tu nido
q un tucán ha abandonado
qizás embelesado
o acongojado tal vez,
x el metafísico rugido
d las cataratas del Iguazú;
x ésos raucos lamentos,
uno a uno sumados
cada veinticuatro d marzo
para q no se olvide JAMÁS
el inagotable horror
d nuestros desaparecidos...
Y tus caricias me tientan,
y mis caricias te obligan
a hacernos uno
en nuestro masculino amor.
Vos y Yo,
y el mundo todo;
fundiendo y refundando
religión, cultura, estirpe;
y en nuestra cópula saltamos
meciendo la selva y el cielo
hasta las hondas fauces
del primordial deseo,
escondido en la húmeda bruma
precisamente,
d ése arcoiris eterno
d la Garganta del Diablo
q sea tal vez, realmente
la Garganta d Trotsky.
Y nos hundimos
en el fluir penetrante
d ésa hacha asesina
q un Mercado estalinista
-mercado-
le asestó a las ideas
d la humanidad futura.
Y nos atraviesa
en nuestra amorosa rebeldía
aqella bala boliviana
tallada en acero d oriente
q desmayó al hombre nuevo
en el Alma-Fuego
del Che Guevara;
xq no ha muerto,
¡está viva!
resatañando sus heridas
en todo lo q tiene d puro,
en todo lo q resta d sano,
del último pueblo libre
q, entre Baracoa y Pinar del Río
x su libertad porfía.
Y aparecemos con la mestría
d tu montura indomable,
d tu cintura infalible,
en la punta del Salto del Ángel,
q es la punta d tu miembro,
q es el sexo d América oprimida.
Allí tu sangre,
transfundida con la mía
se desprejuicia y se derrama
cruzando estúpidas fronteras
para gritarle al ADN
d tanta víctima inocente
d los 'escuadrones d la muerte',
q es necesario resucitar
en campos llenos d flores,
d Ecuatoriales y Hondurísimos colores,
q perfumen
en las narices d los vivos
el aroma d sus mentes,
las fragancias d sus sueños,
las escencias insurgentes
q a los seres libres reclaman
la Verdad y la Justicia;
q les digan a sus necios asesinos
q pudieron borrar sus cuerpos,
mas no pueden acallar sus trinos.
Y de allí, cabalgando apareados,
centauros d libertad,
cruzamos los cielos nublados
desde el Amazonas a Godthaab,
desde El Petén a Navarino,
rociando nuestro esperma argentino
q borra límites, escudos, banderas,
y la moral inmoral
del infierno divino;
del pecado, del castigo...
invitando a todos los seres
d buena voluntad en la Tierra
a izar los seis colores
del respeto y la hermandad:
el violeta d los negros,
el azul del esqimal,
el verde americano
y el amarillo oriental,
el naranja d los blancos
y el q es para todos x igual,
el Rojo o Colorado,
tinte d sangre y libertad.
Y así,
con tu boca bebiendo mi vida,
y la mía tragando tu hombría
brincamos el filo d los Andes
rebotando d cima en cima,
flotando d lago en lago,
inflando cada cortina
(párpados d las ventanas)
del Pacífico al Atlántico,
para desmentir a cada necio
q diga q somos enfermos
y demostrar q nuestro destino
se nuestro libre albedrío.
Y con la voz del Titicaca,
ése mítico grito callado
velado y sideral,
el d los sueños desvaídos
d los pueblos traicionados,
el d la bronca hereditaria,
y el d nuestro gozo actual...
¡Estallo. Estallas. Estallamos!
anunciando a voz en cuello
del Yukón al Fagnano
qé vivos y felices estamos
con nuestro amor condenado,
reprimido y castigado
x la democracia,
q d liberal se maqilla
y q d la individualidad
tan sólo defiende
el libre lucro d avería
del empresario contumaz,
q indulta a genocidas
y sepulta en Reading
el alma libertaria d Oscar Wilde,
q condena a George Michael
mientras, impune, Bill Clinton
masacra hogares en Bagdad,
y su Congreso sólo lo enjuicia
¡x una fellatio extraconyugal!
En contorsiones d placer
atravesamos tempestades
q purifican el alma y la piel,
honrando nuestras masculinidades,
y d las mujeres sus femineidades,
desafiando a la hipocresía
y la general idiotez;
y nos abandonamos
a los caprichos del cóndor Peruano
q con el aliento huracanado
d Vinicius y d Arango,
d Neruda y Silvio Rodríguez,
d León Ferrari y Ernesto Cardenal
nos abisma en Macchu Picchu
con las guitarras en sus alas
d Yupanqi y Zitarrosa,
d Hernán Gamboa y Jobim;
y nos materializa en Xocorocho
en la herencia nativa d Chiapas
con los rostros transfigurados
en rasgos Incas-Aztecas,
Chibcha-Mapuches,
Cheroqi-Guaraní.
Con voz d lanza y d fusil
junto a Marcos y a Sandino
donde el futuro en torbellino
siempre lucha x vivir.
Y descendemos en picado
hasta acabar en Sierra Madre,
en Terranova, el Gran Chaco o Medellín,
abriéndonos el cosmos
en mas d diez dimensiones,
moldeándo nuestras mentes
como un cuadro extraordinario
d Maurits Escher;
con el discurso transfinito
d Georg Ferdinand Ludwig Philipp Cantor;
y entonces SÍ,
en una secuencia interminable
d Alef-unos y Alef-ceros
nos revolcamos x las costas,
x las arenas calientes y frías,
desnudando a mujeres y hombres,
a niños y ancianos
con el orgullo sin pudores
q nos enseñó Walt Whitman
para fundar en el Nuevo Mundo
el Bell País d Biel Mesqida.
(7-2-99/2:20)